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# El viaje de egresados y el espejismo de los adultos
- URL: https://herejiapedagogica.com/el-viaje-de-egresados-y-el-espejismo-de-los-adultos/
- Published: 2026-07-25T15:32:26.000Z
- Updated: 2026-07-25T15:35:50.000Z
- Description: Cuando el destino importa más que el grupo, el viaje de egresados pierde su sentido. Una reflexión sobre familias, escuela y las expectativas de los adultos.
- Author: El hereje
- Tags: viaje de egresados, Familias, celulares en la escuela, infancia

### Cuando el viaje deja de ser de los chicos

Cada año se repite la misma escena. Las familias se reúnen para discutir el viaje de egresados con una intensidad que pocas decisiones escolares despiertan. Se comparan presupuestos, se analizan destinos, se revisan hoteles, excursiones y actividades, y siempre aparece alguien que propone ir un poco más lejos, elegir algo un poco mejor o contratar una experiencia más completa. Sin embargo, en medio de tantas conversaciones sobre precios, distancias y servicios, casi nunca aparece la pregunta más importante: **¿para quién estamos organizando realmente ese viaje?**

Tengo la impresión de que, muchas veces, el viaje deja de pertenecer a los chicos y empieza a responder a las necesidades emocionales de los adultos. No necesariamente de manera consciente. Nadie se sienta en una reunión pensando que va a cumplir sus propios sueños pendientes a través de su hijo, pero algo de eso puede ocurrir. Muchos adultos crecieron sin haber tenido ciertas posibilidades y hoy sienten que una buena infancia debería incluir aquello que ellos no pudieron vivir. El viaje deja entonces de ser únicamente un cierre de etapa y se convierte, silenciosamente, en una forma de *reparación generacional*.

Es allí donde aparece el espejismo: la idea de que cuanto más lejano sea el destino, más impresionante el hotel o más completo el itinerario, más valiosa será la experiencia. Pero los chicos suelen estar viviendo otra cosa. No hablan tanto de la categoría del alojamiento sino con quién van a compartir la habitación; no recuerdan especialmente las instalaciones, sino las conversaciones, las bromas y las situaciones compartidas. El verdadero valor del viaje no está en el lugar, sino en el **nosotros**.

A lo largo de mi carrera docente he presenciado situaciones que me hicieron preguntarme en qué momento empezamos a perder de vista esa idea. He visto familias proponiendo destinos tan costosos que una parte importante del curso sabía desde el comienzo que no podría viajar; grupos de veinticinco estudiantes en los que finalmente asistían ocho; dos divisiones de una misma escuela viajando por separado porque los adultos no lograban ponerse de acuerdo; y también familias que, frente al pedido de sus hijos, optaban por regalarles un teléfono celular en lugar de pagar el viaje.

*¿Es equivalente regalar un celular a regalar una experiencia grupal de cierre de una etapa compartida?*

Este último caso siempre me dejó pensando. No porque un celular sea necesariamente un mal regalo, sino porque la elección puede revelar algo más profundo. **¿Qué ocurrió durante la escolaridad de ese chico para que un objeto le pareciera más valioso que compartir unos días con quienes fueron sus compañeros durante años?** 

Tal vez la respuesta no esté únicamente en él. Quizás también debamos preguntarnos qué lugar fue ocupando la escuela en su experiencia y qué tipo de vínculo logró construir con su grupo.

Si durante años transmitimos que lo importante son las notas, los contenidos, los certificados y los logros individuales, no debería sorprendernos que el cierre de la escolaridad también termine interpretándose desde una lógica individual y de consumo. El viaje, que podría representar la despedida de una historia compartida, pasa a competir con objetos personales que ofrecen una recompensa más inmediata, concreta y visible.

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****Una anécdota para compartir**  
Recuerdo mi propio viaje de egresados de primaria. Fuimos a una ciudad muy cercana, ubicada a pocos kilómetros de nuestra escuela, y nunca escuché a nadie quejarse porque el destino quedara demasiado cerca. No recuerdo que alguien preguntara por qué no viajábamos más lejos ni que comparáramos nuestra experiencia con la de otros cursos. Lo único verdaderamente importante era que íbamos juntos y que prácticamente todos podíamos participar.

Mirándolo a la distancia, sospecho que esa fue precisamente la razón por la que el viaje quedó grabado en mi memoria. No por el paisaje ni por la cantidad de kilómetros recorridos, sino por la compañía. Con los años, sin embargo, pareciera haberse instalado la idea de que una experiencia vale por la distancia, el dinero invertido o la espectacularidad de las actividades, como si los recuerdos pudieran medirse con un mapa o justificarse mediante un presupuesto.

Pero los recuerdos más importantes de la vida rara vez funcionan de esa manera. Nadie recuerda un abrazo por la categoría del hotel en el que ocurrió, ni una amistad por el prestigio del destino que visitaron juntos. *Recordamos a las personas, cómo nos sentimos junto a ellas y qué lugar ocuparon en un momento determinado de nuestra historia.*

Por eso, el problema no es viajar lejos. Hay familias que pueden hacerlo sin excluir a nadie y grupos que conservan intacto el sentido del viaje aun cuando recorren miles de kilómetros. No se trata de demonizar los destinos ambiciosos ni de convertir la cercanía en una virtud por sí misma. La cuestión es preguntarnos **desde dónde estamos eligiendo** y qué factores estamos dispuestos a sacrificar para alcanzar determinado destino.

El problema aparece cuando el lugar empieza a ser más importante que el grupo; cuando discutimos durante meses la calidad del hotel, pero aceptamos con naturalidad que varios compañeros queden afuera porque sus familias no pueden pagarlo; cuando el viaje que supuestamente debía unir termina dividiendo y el cierre de una historia compartida se convierte en un filtro que determina quién pertenece y quién no.

Porque dentro de veinte años pocos recordarán con precisión cuántos kilómetros recorrieron o cuántas estrellas tenía el hotel. Pero seguramente recordarán quiénes estuvieron allí.

Y también quiénes no pudieron estar.

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*¿Estamos acompañando el cierre de una etapa de nuestros hijos o estamos intentando revivir, a través de ellos, la juventud que sentimos que se nos escapó?*