Sobre mí
¿Por qué no revelo mi identidad?
Si llegaste hasta acá, probablemente hayas notado algo: este sitio no tiene un autor con nombre y apellido visibles.
No es un descuido ni una estrategia de marketing. Es una decisión deliberada.
Soy docente desde hace muchos años y escribo desde la experiencia cotidiana de quien conoce la escuela desde adentro. Sin embargo, prefiero que este espacio no gire alrededor de mi identidad, sino alrededor de las ideas. Me interesa mucho más que un argumento sea discutido por su solidez que por el nombre de quien lo enuncia.
No escribo desde el anonimato para ocultar algo ilegal, irresponsable o malintencionado. Todo lo contrario. Asumo plenamente cada palabra que publico. Pero también creo que, incluso en una sociedad democrática, cuestionar instituciones profundamente arraigadas suele tener costos. Muchas veces no son legales ni formales, sino simbólicos: descalificaciones, prejuicios, etiquetas o condenas sociales que terminan desplazando el debate hacia la persona y alejándolo de las ideas.
Y eso es precisamente lo que quiero evitar.
No busco convertirme en una figura pública ni construir una marca personal. Si este proyecto tiene algún valor, ese valor debe estar en sus argumentos, no en quien los escribe.
Mi intención tampoco es destruir la escuela ni desacreditar el trabajo de quienes enseñan. Soy parte de ese mundo y conozco el enorme compromiso de miles de docentes.
Lo que sí quiero es desnaturalizar aquello que parece incuestionable. Poner en discusión rituales, tradiciones, prácticas y estructuras que repetimos desde hace décadas simplemente porque "siempre fueron así". Cuestionar no significa negar; significa abrir la posibilidad de pensar alternativas.
Imagino una escuela diseñada desde cero para el siglo XXI. Una escuela que dialogue con la realidad tecnológica, social y cultural en la que vivimos. Un lugar donde aprender tenga sentido, donde la curiosidad ocupe el centro, donde asistir no sea una obligación que se soporta sino una experiencia que se disfruta.
Aspiro a una educación que prepare para el trabajo, sí, pero también para la vida. Que enseñe a pensar, a convivir, a crear, a resolver problemas, a comprender el mundo y a construir un proyecto personal con autonomía y sentido.
Si estas reflexiones resuenan con vos, entonces este espacio ya cumplió parte de su objetivo.
No importa quién soy. Lo importante es que cada vez seamos más quienes nos animemos a imaginar que otra escuela es posible.