Profe, es que ahora se enseña distinto
En casi todas las reuniones aparece la misma frase: «Ahora enseñan distinto». Pero ¿es realmente así? Una mirada crítica sobre los métodos de enseñanza, el rol de las familias y los cambios —o la falta de ellos— en la escuela actual.
...aunque realmente no sea cierto
En las reuniones con las familias hay una frase que aparece casi con una regularidad asombrosa:
—"Profe, no sabemos cómo explicarle… porque ahora en la escuela se enseña muy distinto a como nos enseñaron a nosotros"
Y uno escucha. Asiente. Respira hondo.
Pero por dentro piensa: ojalá.
Ojalá pudiera decirles que es cierto.
Ojalá la escuela hubiera cambiado de verdad.
Ojalá estuviéramos usando métodos nuevos, más potentes, más inteligentes, más acordes a este siglo.
Ojalá.
La realidad es bastante menos épica.
Salvo algún docente «loco», medio marginal del sistema, o algún innovador que se las arregla como puede entre planillas, actos escolares y fotocopias borrosas, la escuela sigue enseñando casi igual que hace 30 o 40 años.
Con los mismos esquemas.
Las mismas explicaciones.
Las mismas consignas.
Las mismas evaluaciones.
El mismo mecanismo para resolver una multiplicación por dos cifras.
A veces, incluso, el docente sigue enseñando con la misma carpeta didáctica que elaboró cuando se recibió o que heredó de un colega que se jubiló años atrás.
Entonces, cuando las familias dicen que "ya no entienden los métodos", la tentación es responder con honestidad brutal:
— No se preocupen. Lo más probable es que sea exactamente el mismo método con el que ustedes aprendieron. Así que, si en algún momento necesitan ayudar, probablemente puedan hacerlo mucho mejor de lo que creen.
Aclaración
La enseñanza no debería ser responsabilidad de las familias. Sin embargo, en ocasiones, los estudiantes no entienden lo que se explica en clase (y no preguntan) o dejan las tareas para último momento y necesitan la ayuda de un familiar.
Y ahí, en ese vacío existencial en el que flota la educación, me descubro pensando algo casi herético:
ojalá las familias expliquen.
Como puedan.
Como sepan.
Con el método que recuerden.
Porque si el sistema funciona tan mal, tener dos explicaciones o más es mejor que no tener ninguna.
Prefiero un chico que tenga:
la del docente;
la del padre;
la de la madre;
la de cualquier adulto que se siente cinco minutos a intentar ayudar.
Antes que un chico que solo tenga silencio, frustración y la sensación de que «no entiende nada».
Así de bajo está el piso.
Por eso, cuando escucho que «los métodos cambiaron», no discuto.
No corrijo.
No aclaro.
Dejo que la frase quede flotando, como un consuelo colectivo.
Y si en ese mientras tanto, una familia logra explicar algo —aunque sea con el método de hace 40 años—, créanme:
en este contexto, no es un problema.
Es una ayuda.
¿Alguna vez te sentiste culpable por explicar «como antes»? ¿Sentís que la escuela de tus hijos es un espejo de la tuya o ves cambios reales?